Los trabajos y los días…

De entre las sombras, en la tarde,

como sangre de un dragón herido, nace

una ágil realidad que nos precede:

 

hoy viene a visitarme

la sombra disfrazada de algún jueves,

de una época inarmónica y pausada.

No se anuncia, es una tarde con pólenes,

esencias y  brocados

de evocados jardines de Mesopotamia.

 

Cuéntame, Sherezade, de las ciudades previas,

de los campos Elíseos, de los sabios de Persia,

de los trozos de Troya,

de las mieles de Esmirna.

Paséame por Creta y el palacio de Knossos.

Trasciéndeme del ruido de las ciudades nuevas,

de las mansiones huérfanas. Llévame

con Sócrates por los meandros intrínsecos de Atenas;

súbeme, con Hesiodo, del Helicón por extrañas laderas,

hasta abrazarme con la áurea época repetible

en acordes trabajos para calendas nuevas.

 

No me excita la Historia de reyes y horizontes;

sólo las calles viejas transidas por las huellas

de huesos puntiagudos de lo que fueron hombres

y hoy laten en las piedras de Herculano o Pompeya.

Sólo ellas

me devuelven una sustancia entera para mi carne ajada;

me devuelven los versos del poeta de Izmir;

me renuevan los besos de bacantes etéreas

y ménades eternas, como suspiros últimos.

 

Octavio Fernández Zotes.

 

 

 

 

 

Estrella…

Tal vez nada me diga este saberte a modo de señal.

No hay descanso ni tiempo,

sí trenes que se marchan y posesiones que no vuelven.

 

Hay aguas comunes que incitan a morir,

una se mira en ellas y hasta se sirve del reflejo.

Nada calma la sed,

esta sed dolorosa como una muerte inmóvil.

 

Una se bebe y cae,

                     trata de huir y cae,

irremediablemente.

 

Nos hemos despedido tanto,

que ya no sé qué hacer con esta sostenida eternidad,

con este irse desde siempre.

Mentir olvido no va a disimularnos la tristeza,

ni va a ganarnos la esperanza

de al fin lograr un no definitivo conciliable.

Burlar la suerte tampoco nos perderá de los caminos

ni embaucará los sortilegios

del desdecir de esta estrella desafiante.

 

¿Qué más por intentar desvío al rumbo inevitable que revierte?

¿En qué escombro del sueño se remonta el delirio que anula,

la voz que fluye rota por los entresijos sedientos de la sangre?

 

La hora baja lenta, tristísima,

como una canción que se hace ahogo al escuchar,

lucida de futuro nunca.

Demasiado sería pretender algún sosiego

ante el innominado talismán terco de oficio,

contra los signos vuelto.

 

Si se pudiera ayer saltar un hoy no acontecido

quizá no habría sombra ni mancha floreciendo

en el azogue de este cristal invicto

contenido en el marco eficaz de la memoria.

Habría que palpar la incertidumbre de lo cierto

truncar de golpe la nervadura de los miedos

de aquellos, los que fuimos siendo.

 

Y, sin embargo, nada calma la sed.

 

De pura promisión un imposible rezo

se hará sitio en el labio blandiendo sus motivos.

Y ya nada será siquiera todavía.

No te hallaré en mis versos ni seré solo tuya,

no besaré tu boca ni me sabrás quizás…

después de entonces, nunca.

 

Martha Jacqueline Iglesias Herrera

Cartografía de un deseo

1Quisiera olerte.

Viajar lento por ti hasta quedar confinada

allí… en tu aire.

 

Que no me sueltes.

Quemarte suave hasta esculpirme

en el negro-humo de tus manos.

 

Quiero saberte.

Rozar el gesto que te tiene.

Acunarme en tus ojos y balancearme,

hasta caerme desbocada

en la tibieza de tu goce…

hasta romperme de arder

como una fragua.

 

Hombre… quiero habitarte

en la promesa que nos tiene

-sombra de aromas infinitos-

de un mañana.

 

Martha Jacqueline Iglesias Herrera

Levántate conmigo…

LevántateAnda, levántate y camina conmigo.

La mañana comienza
y aunque del Norte el soplo se hace frío
ningún tiempo es adverso si vamos de las manos,
si caminas conmigo.

Vamos a permitirle el deleite a los ojos
de embeberse en el éxtasis del color y la forma
de tu cuerpo y el mío,
este día de arcilla que emerge de la tierra
podemos modelarlo con el sudor de las manos,
con estas nuestras manos…
que sensibles al tacto trabajan y acarician.

Sigamos las baldosas que amparan el camino
y saciemos el hambre de distancias,
de espacios no explorados,
de esta geografía dispuesta a ser hojeada
más allá de sus páginas.

Aprendamos y únete dispuesto a mi cintura
a esta cintura ardiente con misterio de selva,
de selva enajenada…
profunda en su silencio pero que nunca calla.

Así que anda, levántate y camina conmigo,
que puedo asegurarte que aunque el viento esté frío,
el calor de tu cuerpo sumergido en mi altura
superará con creces, al día… en estatura.

Martha Jacqueline Iglesias Herrera

Poema de Horacio De Stefano…

Te cuento, querida amiga, que nada cambió tan pronto como sugiere el recuerdo,
sólo es que el recuerdo viene a besarnos los ojos sin disculpas, sin razones,
viene y nos trae el sentido de esas noches suspendidas en el tiempo
que hacen un ayer inmenso en un parpadeo apenas, y vuelven a desnudarnos
ante un par de buenas muertes y algunas más, no tan claras, ni tan ciertas…
sin embargo estamos vivos, compañera, amiga, estamos como otros recuerdos, vivos,
enredando las palabras de otros días que quieren decirnos cosas y…
…todavía me pregunto si te conocí llorando o te lloré en la ignorancia de saberte,
tus ojos son ese mapa que siempre sigo leyendo endemoniándome en signos del destino,
algún pájaro que cambia sur a norte, alguna rama que me hace pensar en que dobla el viento,
alguna sombra que vibra como lagrimeada atrás por la insistencia de seguir buscando…
no me orientan las estrellas, todas brillan allá, lejos,
sólo me asomo a la noche para mirar si me queda un camino hasta tus ojos, y…
…todavía me pregunto si conociste algo mínimo de mí… por qué estoy vivo, por qué lo creo…
y no sé, ni sé, mi cumpa, creo que no lo sabías, creo que me imaginaste en tu desvelo
y en mi desvelo insertaste tu esperanza, distinta a la mía, que se quedó en el silencio,
y yo besando la tierra porque no entiendo otra cosa que la tierra,
y vos amando una imagen que no es tierra, ni entenderse, y ni siquiera es un polvo ensordecido…
nada…
te cuento, querida amiga, que no cambiaron las cosas,
yo sigo sin conocerte y vos queriendo inventarme,
pero vos y yo sabemos cuánto duele haber perdido el camino…